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El Uno, el Único Libro

3 Jan

Encontré este poema, del poeta ruso Velimir Khlebnikov, hace unos años, y me impresionó tanto que quisé compartirlo, pese a mis escaso dominio de la arte de traducción. (Lo lei en inglés.) Aquí está.

He visto las Vedas negras,

El Corán y los Evangelios

y los libros de los Mongoles

en sus cubiertas de seda

todos hecho de polvo, de las cenizas de la tierra,

del estiércol, del olor dulce

que las mujeres Kalmyk usan como combustible cada mañana – 

los he visto ir al fuego,

tenderse y desvanecerse

blancos como viudas en nubes de humo

para dar prisa a la llegada del uno, del Único libro,

cuyas páginas son océanos enormes,

parpadeando como las alas de una mariposa azul,

y el hilo de seda, marcando el sitio 

donde el lector descansa su mirada,

es todos los ríos grandes en un diluvio azul oscuro.

 

Volga, donde cantan las canciones Razin por la noche,

Nilo amarillo, donde adoran al sol,

Yangtse-Kiang, rezumando con gente,

y enorme Misisipí, donde se pavonean los Yanquis,

en pantalones estrelladas, sí, en pantalones 

cubiertos con estrellas.

Y Ganges, cuya gente oscura son árboles de la mente,

Y Danubio, gente blanca en camisas blancas

cuya blancura está reflejada en el agua,

y Zambezi, cuya gente es más negra que botas,

y Ob tormentosa, donde pica el ídolo

y lo gira, cara al muro,

Cuando come la grasa prohibida

y Támesis, que es aburrido, aburrido.

 

Género de Humanidad, ¡sois lectores del libro

cuya portada lleva la firma del creador,

las letras cieloazul de mi nombre!

Sí, tu, lector descuidado

Mira! Presta atención!

Permites que tu atención se extravíe

como sí  todavía estuviese en clase de catecismo – 

¡Pronto, muy pronto vas a leer

Esas cordilleras montañosas y esos océanos enormes.

¡Son el Uno, el Único libro!

La ballena salta de sus páginas,

Y la ala del águila dobla el margen de la hoja

Cuando se lanza en picado sobre las olas del mar, el pecho

del océano, a descansar en la cama del águila pescadora.